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18 de septiembre:

La estrella y sus nuevos amigos

18 de septiembre: La estrella y sus nuevos amigos

Hace mucho tiempo una estrella se cayó del cielo en medio de un bosque. El golpe fue tremendo y en el acto empezó a nacerle un chichón muy rojo.

Los animalitos que allí dormían pronto se despertaron con el ruido.

 – ¿Qué ha pasado? -se preguntaban todos extrañados.

– Allí, en el medio del bosque, se ve una luz, pero la luz de las luciérnagas es más pequeñita -dijo la señora Ardilla.

 La señora Zorra, el señor Búho, el abuelo Pájaro Carpintero, la señora Comadreja y la señora Ardilla se acercaron al momento para averiguar qué había pasado. La estrella al despertarse vio que muchos ojos la estaban observando.

 – ¿Dónde estoy? ¿Quiénes sois vosotros? – dijo extrañada la estrella.

– Somos los amigos del bosque y estás en nuestra casa – contestó la señora Comadreja.

– ¡Pero yo no puedo estar aquí!, debo colgar en el cielo junto a mi mamá la Luna y mis hermanas las estrellas – explicó.

– ¡No te preocupes! nosotros te ayudaremos a subir al cielo – cantaron todos a la vez -, pero primero te curaremos  – añadió la señora Zorra.

 Mientras celebraban una reunión bajo el viejo pino todos los animalitos del bosque, para ver cómo podían subir a la estrella al cielo, la señora Ardilla vendó el chichón de la estrella con un bonito lazo verde que había fabricado con las hojas de un haya. 

Unos apuntaban a que el abuelo Pájaro Carpintero la subiera a su lomo y volara por encima de los árboles, pero ya estaba viejo y sabía que no podría subir tan alto. Otros querían que la señora Ardilla trepara con la estrella entre las ramas de los árboles más altos, pero temían que ésta se volviera a golpear.

Estuvieron horas pensando en posibles soluciones, pero nada parecía funcionar.

El señor Búho, que había estado todo el tiempo callado, finalmente se atrevió a hablar:

– Estornudaremos todos a la vez y provocaremos que la tierra se mueva y así expulsará hacia arriba a la estrella. Pero debemos estornudar muy fuerte , para que nuestro resoplido la impulse muy alto.

Todos aplaudieron la idea y acordaron estornudar muy, pero muy fuerte, al contar hasta tres.

 – Una, dos y tres -contó el señor Búho.

– ¡Achisssssssssssssssssssssssssssssssss! – estornudaron los animalitos del bosque.

 La estrella saltó por los aires y subió al cielo junto a sus hermanas gracias a la ayuda de todos sus nuevos amigos del bosque.

La bisabuela

Quedaban pocos kilómetros para llegar al pueblo. Guadalupe iba conocer a su bisabuela. Estaba nerviosa. Había oído hablar de ella en casa y no podía creerse todo lo que se decía de ella: que si había tenido que emigrar, que si había vivido la guerra, que si se había enamorado de un mago… Al fin había llegado el gran momento.

Al descender del coche, Guadalupe vio a una mujer muy arrugada y chiquitita. Parecía muy frágil y a punto de descomponerse. Sin embargo, sus grandes ojos azules demostraban que aún quedaba mucha vida en ella. El abrazo entre ambas fue largo y acogedor. Los brazos de su bisabuela le recordaron a los de su madre. Eran cálidos.

Su bisabuela cogió a Guadalupe de la mano y la llevó al jardín. Allí le regaló el que sería el mejor de los regalos: una colcha hecha con retales de la ropa de su bisabuela, su abuela, su madre y de ella cuando era bebé. Cada trozo contaba una historia y al tocarlo, podía descubrir las aventuras que habían vivido las mujeres de su familia y cómo habían hecho frente a los problemas que se les presentaban.

Al llegar la noche, Guadalupe durmió en una pequeña cama cubierta por esa colcha mágica. Desde ese día nunca más volvió a tener pesadillas y cada mañana se levantaba sabiendo que podría hacer cuánto quisiera en la vida, porque contaba con el apoyo y la fuerza de las mujeres de su familia. Si ellas habían podido cumplir sus sueños, ella también lo lograría: deseaba ser escritora. Y es que Guadalupe no solo recibió ese día una colcha, sino que adquirió un pasado, el pasado de su familia. Fue así como su primer libro narró la vida de cuatro mujeres que se llamaban Guadalupe. Cada una había vivido un momento histórico, una situación económica diferente, distintos problemas; pero todas ellas habían tenido la misma alegría: tener una hija a la que llamaban Guadalupe. El libro fue todo un éxito y Guadalupe no olvidaba darle las gracias todos los días a su bisabuela por haber sido siempre la memoria de su familia.

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